Una noche como esta, hace 95 años, mientras los países del Viejo Continente estaban siendo sacudidos por los bombardeos de la Primera Guerra Mundial, en nuestro país, un grupo de empresarios sostenía una importante reunión.

El encuentro era dirigido por el señor Calixto Mejía, y otros treinta participantes entre los que se encontraban Herbert de Sola, Samuel Quiroz, José Dutriz, Ernesto Liebes, Ricardo Sagrera, y don José María Peralta Lagos: todos ellos preocupados por los efectos negativos que la conflagración mundial estaba causando a la economía salvadoreña.

Como buenos salvadoreños no podían quedarse impávidos ante lo que parecía la quiebra inminente de la economía nacional. Había que hacer algo, y había que hacerlo pronto. La solución, además de efectiva, debía ser permanente.

Esa misma noche, decidieron que la manera más idónea para salvar la amenazada economía del país era dando vida a una institución que, además de unificar a los sectores productivos, acometiera la tarea de fortalecer la vida económica del país a través del fomento de la libre empresa y la defensa de la democracia.

Fue así como, en 1915, cuando las calles de San Salvador aún no habían sido pavimentadas, que aquel grupo de visionarios creó la gremial que fue bautizada con el nombre de Cámara de Comercio e industria de El Salvador.

Gracias a la creación de esta Cámara, las primeras empresas privadas del país se desarrollaron, el comercio floreció, y como consecuencia El Salvador logró superar los efectos de la depresión económica causada por la crisis mundial.

Desde entonces, la historia del país quedaría ligada a lo que hoy en día se ha convertido en la gremial empresarial más influyente, más grande, más representativa y más antigua de El Salvador.

Fue esta Cámara la que contribuyó a la formulación del primer código laboral moderno, participó en la creación del primer Código de Comercio salvadoreño, y facilitó el desarrollo de la industria y de los servicios.

Nuestra Cámara ha sido la principal impulsora en el país del proceso de integración económica centroamericana, así como de la modernización del Estado, la observancia de la ética en los negocios y del cumplimiento de las leyes en todos los ámbitos de la vida nacional.

A más de esto, hemos desarrollado más de cien servicios de apoyo a las empresas salvadoreñas, hemos contribuido a la capacitación del recurso humano del país y hemos impulsado importantes campañas cívicas y de ayuda a los sectores más necesitados de la población.

Adicionalmente, se ha desarrollado programas y servicios a favor de los micro y pequeños empresarios, hemos motivado a los jóvenes emprendedores a convertirse en creadores de oportunidades y también hemos respaldado el desarrollo del liderazgo empresarial femenino.

Como nota distintiva de su quehacer gremial, la Cámara de Comercio e Industria de El Salvador también se ha dedicado a defender las libertades individuales y la democracia, como condiciones necesarias para el logro del progreso económico y social que todos deseamos.

En la década de los ochentas, nuestra gremial antagonizó contra el gobierno que en esa época nacionalizó los sectores clave de la economía y, simultáneamente, se opuso a los enemigos de la libertad que intentaban hacerse del poder por medio del odio y la violencia. Irónicamente, estos son los mismos que hoy, convertidos en políticos y gozando de la libertad que les otorga el sistema que antes trataron de eliminar, demandan hoy, de los empresarios, un mayor compromiso con el país.

Y cuando ha sido necesario, también hemos elevado nuestra voz para señalar las medidas equivocadas y los procederes erráticos de gobiernos que, aunque comulgan con los principios de defendemos, por razones eminentemente políticas han cedido a la tentación de soslayar el bien común.

Esta constante defensa de los principios que nos sustentan, ha provocado que los sectores antagónicos con la libertad arremetan contra esta gremial o contra sus socios, hasta el extremo de atentados dinamiteros y hasta tomas o destrucción de centros de producción sucedidos principalmente en la década perdida de nuestro país.

Sin embargo, esta institución nunca ha claudicado en su misión de defender el sistema de libertades, ni se ha debilitado ante los ataques ni ante las presiones políticas que le sobrevinieron, al contrario, se ha fortalecido cada vez más y su fortaleza ha sostenido al país en los momentos más apremiantes de su historia reciente.

Estimados amigos:

A nosotros nos ha tocado vivir un nuevo momento histórico, tan desafiante como el que enfrentaron nuestros fundadores hace casi un siglo.

Existe en nuestro país, y en varios países de América Latina, la tendencia a retroceder en los avances de la democracia y de la libertad económica y personal que con tanto sacrificio han logrado nuestros pueblos.

Ante esta tendencia, y para demostrar lo fatuo de este proceder anacrónico, vale la pena que volvamos, por un momento, la mirada al pasado reciente del mundo.

Los ejemplos de naciones que, tristemente, cayeron bajo el yugo de gobiernos despóticos o fueron engañadas por gobernantes populistas que ofrecían falsos paraísos terrenales son lecciones de las que debemos aprender. Casos emblemáticos lo constituyeron las naciones del Noreste Asiático y del Este de Europa que, a principios del siglo pasado, establecieron sistemas económicos antagónicos con el libre mercado y adoptaron formas de gobiernos contrarias a la democracia.

En su afán por mantener a sus ciudadanos sometidos a sus equivocadas ideologías, muchos de estos gobiernos levantaron muros de odio que literalmente dividieron naciones y establecieron alambradas para evitar que sus ciudadanos escaparan de la pobreza y de la opresión.

Pero todos los sistemas económicos y las formas de gobierno fundamentadas en premisas falsas tienden a caer por su propio peso; porque cuando la libertad se pierde, poco queda de humano en el hombre.

Pero, lamentablemente, dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces y con la misma piedra.

Hoy, y a pesar de que la historia está llena de ejemplos del fracaso de los sistemas económicos dirigidos, nacionalizados, mixtos o centralizados, los mismos viejos vendedores de sueños quieren someter a nuestro país a los mismos experimentos económicos malogrados.

Quieren vendernos el mismo producto defectuoso, pero envuelto en una nueva viñeta: el hasta ahora indefinido Socialismo del Siglo XXI, intención que revela una preocupante ceguera histórica.

Como muy bien dijo la escritora española Emilia Pardo Bazán: es absurdo que un pueblo cifre sus esperanzas de redención y ventura en formas de gobierno que desconoce, y yo diría que sería más absurdo que un pueblo cifre sus esperanzas de progreso en formas de gobierno que han resultado ineficaces.

Por ello, en este nuevo contexto histórico, nuestra responsabilidad como empresarios va más allá que simplemente hacer negocios y generar empleos; nuestra responsabilidad trasciende a la defensa de los principios que garanticen el desarrollo del país a largo plazo, en justicia, en libertad, en paz y en democracia.

Y principalmente, debemos mantenernos alertas para evitar caer en el engaño de embargar el futuro del país por lo que aparenta ser conveniente en el presente.

Debemos vivir consagrados a la idea de que una nación sin principios, es una nación sin rumbo, y una nación sin rumbo no tiene futuro.

Tal y como lo advierte el gran Montesquieu, cuando afirma que “La descomposición de todo Estado comienza por la decadencia de los principios sobre los cuales fue fundado”.

No olvidemos que a la larga, si el país fracasa, fracasaremos todos.

Además, como actores importantes en la vida nacional, los empresarios tenemos la obligación y el derecho de exigirles a los políticos y a los que están en el gobierno que no sigan dividiendo a la sociedad salvadoreña, que cesen sus ataques contra el sector privado, y que, con sus acciones, establezcan un clima de confianza que aliente la inversión productiva y la creación de empleos permanentes

Por esa razón la Cámara de Comercio e Industria ha venido trabajando por construir un país en el que todos los salvadoreños podamos vivir en democracia y libertad; y en donde todos tengan las oportunidades de progresar y de gozar del fruto de su esfuerzo, siendo tratados con igualdad ante la ley.

Como Cámara trabajamos por construir un país en donde se practique la solidaridad con el menos favorecido, pero que dicha solidaridad esté basada en sistemas tributarios transparentes, sostenibles y justos para todos.

Aspiramos un país en donde los ciudadanos tengamos libre derecho a pedirle al gobierno cuentas de la forma en que administra los fondos públicos, y en donde el Estado tenga la capacidad de proveer, eficientemente, los servicios básicos que la población necesita.

Hoy que celebramos nuestros 95 años de trayectoria institucional, revalidamos nuestro compromiso con esos ideales que inspiraron a nuestros fundadores y presentaremos a la nación una proclama de principios y valores, que consideramos que sintetizan los deseos de los buenos salvadoreños que deseamos un mejor país.

No quisiera terminar mis palabras sin reconocer públicamente a los ex presidentes y a los ex directores que en los distintos periodos de nuestra vida institucional mantuvieron el rumbo de nuestra organización.

Este agradecimiento es extensivo a los miembros de la actual Junta Directiva, al voluntariado representado en nuestros nueve comités asesores y al personal profesional y administrativo de la Cámara, pues gracias a este gran equipo de trabajo, la Cámara ha llegado a ser una de las instituciones privadas más importantes en la vida del país.

Me he guardado el final para hacer una mención muy especial al principal componente de esta institución, se trata de nuestros socios, que son nuestra principal razón de ser y por quienes nos esforzamos cada día en apoyarlos y en representarlos dignamente.

Para concluir, quisiera citar una frase del célebre novelista ruso León Tolstoi, quien dijo: Es más fácil escribir diez volúmenes de principios filosóficos que poner en práctica uno solo de ellos.

Vivamos de acuerdo con lo que decimos creer, y defendamos los principios en los que se fundamenta nuestra nación, porque solo así labraremos un mejor futuro para El Salvador.

Muchas gracias y que Dios bendiga a nuestro país.

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